Os echaba de menos…

Estos días ha coincidido que he tenido algunas conversaciones con personas de fe. Grandes creyentes. En Dios.

Yo he pasado por diferentes fases en la vida y reconozco que creer en Dios es un regalo. Es magnífico poder apoyarte en un Ser superior que nunca te va a fallar.

En estos momentos no estoy «ahí», aunque tampoco podría decir (como escuché decir alguna vez) que, gracias a Dios, soy atea.

Mi conclusión después de llevar unos años caminando por este mundo, es que los seres humanos necesitamos «creer». Es un refugio, un cobijo, una explicación que alivia nuestras dudas y anhelos y nos aporta esperanza. Sentir o identificarnos con una creencia u otra va a depender de quiénes somos y del momento de vida en el que nos encontremos. He conocido a muchas personas que han desarrollado una fe incondicional en Dios después de una gran crisis personal. Otros que han descubierto el budismo, la práctica de yoga u otras muchas opciones que han sido una nube de algodón para su alma.

El regalo:

Todas las creencias y prácticas que sean positivas y nos inspiren a sembrar bondad, empezando por nuestro propio bienestar, son un regalo.

No importa cuál sea la fuente de inspiración.

Si creamos una unión, una corriente, un movimiento donde todos podamos poner en práctica la honestidad, el respeto, la gratitud, la sensibilidad, la prudencia y la humildad, estaremos ante un mundo de armonía. El mundo real donde me encantaría vivir.

El poder del pensamiento dirige nuestra orquesta mental. ¿Creéis en la fuerza que pudieran tener muchas mentes con el mismo pensamiento al unísono?

¿No estamos inventando la rueda, pero, os parecería que lo pongamos en práctica en Constelación de Mujeres?

Una oración, un mantra, una constelación de palabras.

Gracias por «estar ahí».

Un abrazo ajustado a tu necesidad y preferencia,

Luisa