Durante el año que llevamos juntas hemos ido compartiendo todo tipo de historias. Algunas nos hacen reír, otras nos hacen pensar, aunque siempre hay un ligero mensaje de fondo que nos sacude el estado de aletargamiento para despertar a un nuevo patrón de elección.

Yo creo en la buena gente. En la gente buena. En las personas honestas, trabajadoras, resolutivas, con buena intención e infinita voluntad de ingresar sin peros en cualquier área de mejora con la máxima dosis de humildad. Afortunadamente, conozco a bastantes personas que honran este perfil.

Compartir vida con seres humanos con esta «composición» nos hace los días más amables y nos convierte en «creyentes». Yo creo en un mundo mejor, que es posible gracias a personas que llevan en su pedigrí esos ingredientes. Y sin fecha de caducidad.

Si a nivel profesional topamos con «ventanillas» donde haya siempre una sonrisa de complicidad, un gesto de empatía y una mano militante de «manos unidas», el mundo, sin duda, se convertirá en el país de las maravillas.

Como comentaba una amiga, igual que hay médicos sin fronteras, también hay imbéciles sin fronteras. Nos quedamos con los licenciados en buenas maneras y los doctores en impecable educación. Sin fronteras.

Recientemente, tres expertos en «resolver dudas universales» sobre el sistema médico, pensiones, cotizaciones y otras «ones» varias, nos han ofrecido una charla informativa con turno personalizado de preguntas y respuestas.
Quizás en una semana no recordemos el contenido de la charla. Pero perdurará la sensación de sentirnos atendidos. De saber que hay un departamento al que consultar, que escucha y diseña respuestas a medida. Que resuelve crucigramas de inquietudes y alivia consciencias. Porque al margen de que la respuesta no sea la deseada, el mero hecho de que sepamos donde dirigirnos, des-aturde. Es un bálsamo mental.

Gracias Gonzalo, Jose y Nacho (por orden de lista) por mostrarnos esta nueva realidad. Por vuestra cercanía y calidad humana. Porque gracias a gente como vosotros, soy creyente.
Brindo para que vuestro trabajo sea una inspiración transoceánica.

Gracias a todos los hombres que habéis participado, comentado y colaborado en el crecimiento de este blog. Adoro a mis grandes y buenos amigos. Inteligentes y descomplicados, como diría Shakira.

Gracias a mi padre. Porque lo que más recuerdo de él es su gran disposición de trabajo, su afecto y cariño y su capacidad de hacerme sentir que «siempre estaba ahí».

Gracias a Antonio, el «pediatra» de Constelación de Mujeres.

Gracias hombres, por existir. Sin fronteras.

Un heteroabrazo,

Luisa