Soy una mujer afortunada por muchas cosas: grandes amigos, sana y gran familia, trabajo en lo que me gusta, disfruto todo lo que puedo en cada momento de mis aficiones.

Quizás se deba a que aprendí en carne propia, muy joven, que la vida te cambia en sólo un segundo, así que mientras se pueda hay que agarrarla y no dejarla escapar.

Ya se encargará el tiempo de eso.

Una de las últimas cosas por las de debo dar gracias es por haber casado a mis padres.

Sus bodas de oro han sido emocionantes. Y eso me ha llevado a pensar en un gran libro que leí hace tiempo y que merece recomendarse en nuestro Rincón de Lectura.

Una serie de relatos llenos de vida propia, en torno a las múltiples caras que tiene el matrimonio.

La autora nos transmite su visión de él, ambientando las historias en su México natal. Pero yo tuve la sensación leyéndolo de que las emociones son universales y, aunque condimentadas con lo que rodea a la pareja, todos las sentimos, vivamos aquí o allí.